sábado, 26 de julio de 2008

GRACIAS

Han sido innumerables las llamadas y los correos de apoyo que he recibido con mi anuncio de retomar la vida política.
Quiero decir que no va a ser nada fácil. Volver nuevamente a emprender este trabajo, me generará un tiempo valioso donde sacrificaré a mi familia. Intentaré por todos los medios conjugar de manera acertada mi servicio social con ellos.
A quienes se tomaron el tiempo para devolver mi correo, donde hacía el anuncio, quiero darles las gracias.
Banalizar y trivializar son recursos permanentes para justificar toda clase de acciones y decisiones políticas, y hacer creer, en últimas, que “el fin justifica los medios”, infame eufemismo por lo general atribuido a Nicolás Maquiavelo. Sin embargo en Maquiavelo existe un contexto histórico que no se puede desconocer: la aparición del Estado nación, en su forma absolutista, pero que es un Estado de derecho. En Maquiavelo se pueden ver nexos con la formación de la incipiente democracia. El Príncipe, por absoluto que sea, no puede hacer lo que le dé la gana, a menos que quiera convertirse en tirano, y ese cuento sí es harina de otro costal, aun en el pensamiento de Maquiavelo. Se puede hasta mentir, si es en bien de la República, es decir, en bien de la colectividad. La pregunta es, entonces, ¿qué es ese bien? Aquí pueden suceder todas las debacles y hecatombes, y lo más seguro es que la propaganda oficial termine imponiendo “su verdad” acerca de ese bien colectivo, manipulando a la opinión pública.
Hasta donde debemos romper esta cadena, abrirle los ojos al país, acudir a los sensatos para lograr cambios significativos, y buscar ante todo, gobernantes francos.
Que tan difícil es conjugar una administración transparente, basada en la verdad, alejada del concepto de "papá noel", dando regalos cada ocho días en los famosos consejos comunales, dicho sea de paso, -actuación imitada por gobernantes de departamentos como por ejemplo el Coronel Aguilar, ex gobernador de Santander, que recorrió el departamento con su séquito de secretarios de despacho, donde llegaba con la varita mágica simulando ser hada madrina- y tocando de manera superficial los problemas de fondo, para darle paso al efecto popularidad que logró alcanzar y con tanto éxito.
Independientemente de no haber gozado de las delicias del poder por parte de Aguilar, -el odio fue mutuo-, debo reconocer que logró posicionarse en la mente de todos y cada uno de los santandereanos. No puedo negar que logré respirar tranquilamente luego de ganar las elecciones Horacio Serpa. Fué como sentir esa brisa suave y la seguridad de cambio en los vientos de la Gobernación de Santander.
Fueron cuatro años de saludos forzados con el Coronel Aguilar. Ni siquiera la vieja amistad de Antonio Navarro con él, logró que le bajara el volumen a su "rabia" conmigo por no haberle apoyado para la Gobernación en esa época.
Sé que anda en reuniones secretas. Sé que está armando un club de simpatizantes. A lo mejor está pensando en que le "cuaje" un Senado. Aspiración válida, para sus pretensiones desbordadas cuando sin pudor de ninguna naturaleza se proclamaba presidenciable.
Seguiré con mi observatorio independiente por ahora.

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