
“El hombre es un animal urbano y no rural,la condición humana sobre la tierra es definitivamente ciudadana,entrañablemente ligada a la existencia del fenómeno urbano.”-Carlos Raúl Villanueva
"Cuando el campo no da la susbsitencia mínima, y la ciudad es indiferente ante mi problema de hambre, debo buscar alternativas prontas de solución"
Luz Helena Saavedra Durán, oct. 21 de 2003
El término urbano proviene de urbs, piedra de ciudad, colocada por motivos más bien prácticos, de refugio, asentamiento, relaciones humanas o comerciales. “Civilización y ciudad” son palabras que comparten su raíz: civitas, palabra que designa las emociones, los rituales y las convicciones que cobran forma en una ciudad, y aluden directamente a la acción del hombre como ente que la modula.El tema de la ciudad posee una riqueza tan abundante como la complejidad del hombre mismo. En la concepción más amplia, su creación es considerada un acto de voluntad, donde el excedente de alimentos sugiere la necesidad de intercambio, haciendo posible la especialización del trabajo, suscitando la estructura de clases y con ello la aparición de una elite dirigente encargada de ejercer su autoridad sobre la sociedad, encauzando la fuerza de trabajo hacia el desarrollo.
Paralelamente, la densidad de población y su consiguiente juego migratorio es utilizada en principio como el termómetro para la existencia o no de ciudad. Sin embargo, un discurso que deseche la idea de masas abstractas para retomar al individuo como ser pensante requiere establecer un nuevo concepto de ciudad que si bien toma en cuenta el aspecto numérico del primero, debe considerar al hombre en sus potencialidades civilizadoras.
El asentamiento de primitivas ciudades al borde de grandes rutas de tráfico comienza a marcar las bases que caracterizan la ciudad, permite la posibilidad de intercambios humanos que propician la afluencia de nuevas ideas e invenciones de una manera natural. La civilización es entonces el nuevo indicador, complejo y dinámico, que designa las formas más altas de la vida de un pueblo donde la religión, el arte, la ciencia son las señales del grado de formación humana o espiritual, dando origen a la ciudad como punto de concentración máximo de poderío y cultura de una comunidad; como forma y símbolo de una de una relación social integrada, donde la experiencia humana se transforma en signos visibles. La ciudad planteada como un producto de la necesidad social del hombre, constituye su medio de expresión.
El curso de la evolución urbana sólo puede ser correctamente interpretado si se estudia paralelamente la evolución tecnológica, política y especialmente, de la organización social; puesto que la civilización se presenta como la artillería de una cultura para superarse y progresar, una combinación de las formas técnicas conformadas por el trabajo manual y primitivo hasta las ciencias más complejas y de las formas simbólicas que incluyen el conocimiento de la religión, moralidad, filosofía y arte que, en constante interrelación, son moldeadas para lograr adaptarse a las circunstancias siempre nuevas y variables.
Platón en sus obras destaca el arte del ordenamiento de la ciudad por ser reflejo de “sabiduría práctica y justicia”, combinando aspectos de carácter moral y político al mismo tiempo. Es en estas ‘Polis’ creadas a partir del hombre donde confluyen los diferentes poderes: político, económico y religioso que permitirán el nacimiento de la cultura occidental. Roma, enmarcada dentro de este contexto alcanza el ‘carácter cosmopolita’ de máximo desarrollo, enfrentado sin embargo a problemas de alta densidad, problemas de tránsito, hacinamiento y crecimiento demográfico descontrolado, entre otros. Posteriormente en el medioevo la ciudad se encierra tras murallas y es un micro mundo que se defiende del exterior, para luego explotar, cediendo a la expansión urbana a través del fortalecimiento de la Burguesía y el paso de una estructura de Estado Feudal a Estado Nacional, logrando su esplendor en el renacimiento cuando la ciudad se convierte en un símbolo del poder del hombre en la tierra, dejando el terreno libre a la utopía que con sus ciudades ideales aspira el arreglo ordenado del mundo.
“La revolución urbana que tuvo sus comienzos en la segunda mitad del siglo XIX, culminó en una nueva clase, desde el punto de vista cualitativo, de asentamiento urbano: una extensa área urbana con una densa ciudad central”: la metrópoli. La naturaleza del proceso de urbanización a partir del fenómeno de industrialización es muy diferente en los países catalogados como desarrollados y subdesarrollados.
El asentamiento de primitivas ciudades al borde de grandes rutas de tráfico comienza a marcar las bases que caracterizan la ciudad, permite la posibilidad de intercambios humanos que propician la afluencia de nuevas ideas e invenciones de una manera natural. La civilización es entonces el nuevo indicador, complejo y dinámico, que designa las formas más altas de la vida de un pueblo donde la religión, el arte, la ciencia son las señales del grado de formación humana o espiritual, dando origen a la ciudad como punto de concentración máximo de poderío y cultura de una comunidad; como forma y símbolo de una de una relación social integrada, donde la experiencia humana se transforma en signos visibles. La ciudad planteada como un producto de la necesidad social del hombre, constituye su medio de expresión.
El curso de la evolución urbana sólo puede ser correctamente interpretado si se estudia paralelamente la evolución tecnológica, política y especialmente, de la organización social; puesto que la civilización se presenta como la artillería de una cultura para superarse y progresar, una combinación de las formas técnicas conformadas por el trabajo manual y primitivo hasta las ciencias más complejas y de las formas simbólicas que incluyen el conocimiento de la religión, moralidad, filosofía y arte que, en constante interrelación, son moldeadas para lograr adaptarse a las circunstancias siempre nuevas y variables.
Platón en sus obras destaca el arte del ordenamiento de la ciudad por ser reflejo de “sabiduría práctica y justicia”, combinando aspectos de carácter moral y político al mismo tiempo. Es en estas ‘Polis’ creadas a partir del hombre donde confluyen los diferentes poderes: político, económico y religioso que permitirán el nacimiento de la cultura occidental. Roma, enmarcada dentro de este contexto alcanza el ‘carácter cosmopolita’ de máximo desarrollo, enfrentado sin embargo a problemas de alta densidad, problemas de tránsito, hacinamiento y crecimiento demográfico descontrolado, entre otros. Posteriormente en el medioevo la ciudad se encierra tras murallas y es un micro mundo que se defiende del exterior, para luego explotar, cediendo a la expansión urbana a través del fortalecimiento de la Burguesía y el paso de una estructura de Estado Feudal a Estado Nacional, logrando su esplendor en el renacimiento cuando la ciudad se convierte en un símbolo del poder del hombre en la tierra, dejando el terreno libre a la utopía que con sus ciudades ideales aspira el arreglo ordenado del mundo.
“La revolución urbana que tuvo sus comienzos en la segunda mitad del siglo XIX, culminó en una nueva clase, desde el punto de vista cualitativo, de asentamiento urbano: una extensa área urbana con una densa ciudad central”: la metrópoli. La naturaleza del proceso de urbanización a partir del fenómeno de industrialización es muy diferente en los países catalogados como desarrollados y subdesarrollados.
Hoy, las ciudades son entes libres, despreocupados, donde la suerte de los habitantes, no depende propiamente de sus capacidades. Son esas "selvas de cemento", sordas a las súplicas de los desempleados, de los necesitados.
Son esos sitios propicios para el crimen, lugar perfecto para algunos; sitios desolados y lúgubres donde no hay ni siquiera la más remota posibilidad de encontrar una moneda perdida, y donde la sensibilidad no es acompañante del desprevenido transeúnte.
Bogotá, no es la excepción de las grandes ciudades.
Cumpliendo la lógica de la economía, el desplazamiento de un sinnúmero de familias en busca de mejores alternativas, ha hecho que esta ciudad, esta gran ciudad, albergue en sus calles a muchas mujeres deambulando con sus hijos (propios o robados), donde el llanto lastimero de los mismos, solo logra hacer reaccionar a pocos. No para darles dinero. Sencillamente, como medio de observación de las grandes dificultades que existen en la ciudad.
Hoy, leyendo las noticias del último comunicado de las Farc, donde reafirman su condición de lucha, donde hablan de un gran orgullo que alcanza casi los pechos del cielo, me queda la gran duda que leyera en tiempos distantes en cumplimiento de mi currículum de pregrado: El Capital de Marx: la libertad del proletariado para dejarse morir de hambre en las urbes capitalistas, ¿o quizá en las selvas colombianas..............?; la plusvalía que enriquece al rico y empobrece al asalariado.
Es una lucha difícil la de la subsistencia diaria. Mientras miles de niños no tienen acceso a la educación, por que no hay puentes, no hay maestros nombrados o no sé qué más, hay salarios con topes desorbitantes para un círculo muy pequeño de personas, no propiamente los mejores, ni académica ni espiritualmente.
NO JODA, Volveré nuevamente a la política. Es una decisión tomada. Lo haré con un grupo que se identifique plenamente con mis criterios: Lo social no son las armas, el poder no es para "ser negociador del Estado", la educación es la base de una sociedad que pretenda ser desarrollada, la niñez debe ser libre, para tener un desarrollo fundamental tomado del ejemplo de la sociedad en la que se desenvuelven. Nadie puede ni debe perpetuarse en el poder.
Obvio que en esta contienda, me hará falta mi amigo SERGIO RÍOS DURÁN, para que me llame y me diga "he decidio votar por tí". Pero desde España tendré no solo su fuerza, sino la ayuda de su familia en Santander.
Escogeré la mejor fórmula.
Ya no me podrán acompañar ni Mario Isaza ni Gustavito Guerrero, quienes fueron mis escoltas en las elecciones anteriores (cayeron asesinados por balas que todos sabemos de donde venían), de pronto intentarán nuevamente bajarme a tiros desde una tarima, como aquel sábado de Octubre del año 2004, en mi ciudad de San Gil. Pero estaré ahí. Voy a dar la batalla. A partir de hoy, quiero contar con la fuerza de mis amigos. Donde haya un sangileño, habrá un simpatizante de una causa nueva, así sea en el continente que sea.
Intentaré buscar una "ciudad" abierta a las posibilidades para los mejores. Cuando uno busca la excelencia y se encuentra con el muro de la indiferencia, cambia de país.
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