El 18 de enero de 1960 se casaron mis papás.
El 19 de marzo de 1961 nació Juan Carlos.
El 24 de abril de 1962 nací yo.
El 16 de diciembre de 1999 murió mi papá.
El 8 de septiembre de 2009 murió Juan Carlos.
Son muchos los secretos que guarda uno en su corazón con un hermano.
Hicimos la primera comunión el 27 de Octubre de 1968.
Nos preparó la hermana Teresa Consuelo. Yo hacía Kínder, y él cursaba su primero de primaria en el colegio de la Presentación con la hermana Carlota.
Sus primeros amores en silencio fueron María Isabel Castro Noriega y Soledad Rueda Villamizar. Huri fue la canción preferida de esa época, la cual entonaba bastante desafinado por cierto.
Las primeras fiestas a las que acudimos fue con el mayor de los esmeros, donde el cuidado de nuestra ropa estuvo a cargo de las personas con las que vivíamos: mi madre, mis tías, y Myriam. La primera de todas fue donde Ligia del Pilar Castillo Zapata. Nuestra experiencia en el baile no era mucha, apenas si estábamos empezando a dar los primeros pasos con el compás del combo de las estrellas, los hispanos y los graduados.
Juan Carlitos creció con mucho amor y cuidado. Sus idas a la Plazuela matizadas con el amor de la tía Delia lo hicieron un buen futbolista, pero su amor al deporte lo demostró a los diez y seis años cuando se aficionó al ping pong, logrando de esta manera reducir su peso, algo que lo atormentó siempre.
Mis quince años los celebré con el mayor de los gustos. Y él en medio de todos los invitados fue el anfitrión más generoso que hubo. La fiesta se prolongó hasta las seis de la mañana. Fue una fiesta con orquesta, algo realmente fascinante en San Gil.
Luego vino su grado. Ingresó a estudiar derecho en la Unab, hasta que una travesura de la adolescencia lo llevó a dejar la Universidad, Bucaramanga y llegar hasta Barranquilla.
Su novia era Martha Cecilia Rodríguez Rangel, estudiante de derecho también muy apreciada por toda la familia. La distancia se encargó de terminar ese amor, que gozó de fiestas, bailes, discotecas y también de tristeza, en todo nos acompañaba Martha.
Fue la primera vez que el Gato Sanabria tocó en un entierro de la familia. Luego fue costumbre y pasó a ser un miembro de la familia no solo en el dolor sino también en los momentos alegres de la vida.
Los Cisnes, Tristezas del alma, Viejo, A mis amigos, fueron melodías que se fueron quedando en nuestro recuerdo, en el de él y el mío.
Sus primeros hijos llegaron siendo demasiado joven. Sergio Andrés y Tatiana Lucía, fueron esos retoños no esperados pero que le dieron la alegría de ser padre.
En Barranquilla entegó su corazón a Elsa Caro, y cuando regresó a Bucaramanga buscó nuevos horizontes y empezó su vida de profesional al lado de Francisco Luna y luego en la oficina de Silvia.
Los industriales del calzado fueron sus primeros clientes y ahí en la carrera 15 con 36 empezó a cosechar éxitos profesionales.
Ahí llegó Adriana María Cañas Triana, quien se robó el corazón de todos. Su ida fue tan silenciosa así como su llegada.
A los pocos meses conoció a Luz Helena, todos en la casa supimos. Fueron varios días intentando llegarle al corazón, hasta que finalmente lo consiguió.
Se casó con Luz Helena Tarazona Mora, en una ceremonia civil. No podía dar crédito a lo que ocurría: Mi hermano con tirantas le daba el sí en una elegante reunión en el salón de sexta etapa a ese amor tan grande que le profesó a Luz Helena.
Su primera incursión en política se dio en esos días. Aspiró al concejo de Bucaramanga.
Yo lo acompañé en esa decisión.
De la unión con Luz Helena nació Juan Carlitos. Cuanto amó a ese niño. A todos lados lo llevaba mostrándolo con orgullo de padre.
El 19 de marzo de 1961 nació Juan Carlos.
El 24 de abril de 1962 nací yo.
El 16 de diciembre de 1999 murió mi papá.
El 8 de septiembre de 2009 murió Juan Carlos.
Son muchos los secretos que guarda uno en su corazón con un hermano.
Hicimos la primera comunión el 27 de Octubre de 1968.
Nos preparó la hermana Teresa Consuelo. Yo hacía Kínder, y él cursaba su primero de primaria en el colegio de la Presentación con la hermana Carlota.
Sus primeros amores en silencio fueron María Isabel Castro Noriega y Soledad Rueda Villamizar. Huri fue la canción preferida de esa época, la cual entonaba bastante desafinado por cierto.
Las primeras fiestas a las que acudimos fue con el mayor de los esmeros, donde el cuidado de nuestra ropa estuvo a cargo de las personas con las que vivíamos: mi madre, mis tías, y Myriam. La primera de todas fue donde Ligia del Pilar Castillo Zapata. Nuestra experiencia en el baile no era mucha, apenas si estábamos empezando a dar los primeros pasos con el compás del combo de las estrellas, los hispanos y los graduados.
Juan Carlitos creció con mucho amor y cuidado. Sus idas a la Plazuela matizadas con el amor de la tía Delia lo hicieron un buen futbolista, pero su amor al deporte lo demostró a los diez y seis años cuando se aficionó al ping pong, logrando de esta manera reducir su peso, algo que lo atormentó siempre.
Mis quince años los celebré con el mayor de los gustos. Y él en medio de todos los invitados fue el anfitrión más generoso que hubo. La fiesta se prolongó hasta las seis de la mañana. Fue una fiesta con orquesta, algo realmente fascinante en San Gil.
Luego vino su grado. Ingresó a estudiar derecho en la Unab, hasta que una travesura de la adolescencia lo llevó a dejar la Universidad, Bucaramanga y llegar hasta Barranquilla.
Su novia era Martha Cecilia Rodríguez Rangel, estudiante de derecho también muy apreciada por toda la familia. La distancia se encargó de terminar ese amor, que gozó de fiestas, bailes, discotecas y también de tristeza, en todo nos acompañaba Martha.
Fue la primera vez que el Gato Sanabria tocó en un entierro de la familia. Luego fue costumbre y pasó a ser un miembro de la familia no solo en el dolor sino también en los momentos alegres de la vida.
Los Cisnes, Tristezas del alma, Viejo, A mis amigos, fueron melodías que se fueron quedando en nuestro recuerdo, en el de él y el mío.
Sus primeros hijos llegaron siendo demasiado joven. Sergio Andrés y Tatiana Lucía, fueron esos retoños no esperados pero que le dieron la alegría de ser padre.
En Barranquilla entegó su corazón a Elsa Caro, y cuando regresó a Bucaramanga buscó nuevos horizontes y empezó su vida de profesional al lado de Francisco Luna y luego en la oficina de Silvia.
Los industriales del calzado fueron sus primeros clientes y ahí en la carrera 15 con 36 empezó a cosechar éxitos profesionales.
Ahí llegó Adriana María Cañas Triana, quien se robó el corazón de todos. Su ida fue tan silenciosa así como su llegada.
A los pocos meses conoció a Luz Helena, todos en la casa supimos. Fueron varios días intentando llegarle al corazón, hasta que finalmente lo consiguió.
Se casó con Luz Helena Tarazona Mora, en una ceremonia civil. No podía dar crédito a lo que ocurría: Mi hermano con tirantas le daba el sí en una elegante reunión en el salón de sexta etapa a ese amor tan grande que le profesó a Luz Helena.
Su primera incursión en política se dio en esos días. Aspiró al concejo de Bucaramanga.
Yo lo acompañé en esa decisión.
De la unión con Luz Helena nació Juan Carlitos. Cuanto amó a ese niño. A todos lados lo llevaba mostrándolo con orgullo de padre.
Un 24 de Diciembre la terminación fue inminente. La relación se había deteriorado.
El dolor de Juan Carlos por la separación fue inmenso.
Su preferencia por las canciones de Helenita Vargas y ciertos vallenatos se profundizó en su corazón y ahogaba su llanto en canciones como Cenizas al Viento, No me toquen ese vals, En un rincón del Alma de Alberto Cortés y Señora Rosario. En esa pena acompañamos a Saavedra!!!!!!
El fuerte, el recio, se doblegó ante el amor de una mujer. Luz Helena había dado vuelta a la hoja y no había regreso.
En 1997, luego de un duelo grande por su rompimiento, conoció a Adriana Beltrán Joya, y se casó con ella, en febrero de 1998.
No fui invitada a la ceremonia. Pero supe todo lo que ocurrió. Pienso que la tarjeta no me llegó por qué…. No sé… no vale la pena mirar el por qué.
De ahí en adelante con Adriana compartí poco. No supe el día de la llegada de mis sobrinos, la última vez que los ví en ese año 1999 ella estaba aún embarazada y fue en la despedida de mi papá. Hubo dureza en el corazón de ella hacia mis padres. Pero todo debe ser olvidado.
El dolor de Juan Carlos por la separación fue inmenso.
Su preferencia por las canciones de Helenita Vargas y ciertos vallenatos se profundizó en su corazón y ahogaba su llanto en canciones como Cenizas al Viento, No me toquen ese vals, En un rincón del Alma de Alberto Cortés y Señora Rosario. En esa pena acompañamos a Saavedra!!!!!!
El fuerte, el recio, se doblegó ante el amor de una mujer. Luz Helena había dado vuelta a la hoja y no había regreso.
En 1997, luego de un duelo grande por su rompimiento, conoció a Adriana Beltrán Joya, y se casó con ella, en febrero de 1998.
No fui invitada a la ceremonia. Pero supe todo lo que ocurrió. Pienso que la tarjeta no me llegó por qué…. No sé… no vale la pena mirar el por qué.
De ahí en adelante con Adriana compartí poco. No supe el día de la llegada de mis sobrinos, la última vez que los ví en ese año 1999 ella estaba aún embarazada y fue en la despedida de mi papá. Hubo dureza en el corazón de ella hacia mis padres. Pero todo debe ser olvidado.
Meses antes había tenido la experiencia de aspirar nuevamente al Concejo de Bucaramanga. Mi embarazo no me permitió estar con él. Esa es mi excusa hoy. No hice falta tampoco, nadie me llamó a invitarme para que me vinculara a la campaña. No fui tampoco.
Juan Carlos se fue a vivir a Bogotá.
Me fui enterando de los nuevos sobrinos Juan Rodolfo y María Catalina.
En un diciembre que se graduó en una maestría en la Universidad Libre nos invitaron a la ceremonia y fuimos. Siempre acudí a donde Saavedra me llamaba.
Luego pude estar con ellos en la finca de Tabio, después en la casa de la calle 116. Lo vi feliz con lo que conseguía.
Es innegable que Adriana Beltrán Joya, es una excelente madre. Se dedicó de lleno a sus hijos, a hacerlos felices, a procurarles lo mejor.
Corría con ellos a preparar los viajes inesperados que se le ocurrían a Juan Carlos. La vi afanada por los yogures, las frutas, las almohadas, las frazadas, y se acomodaba en la parte de atrás viajando con Juan Carlos de noche. El horario de salida de un viaje para él era fácilmente a las diez u once de la noche.
Juan Carlos estaba dedicado a Juan Rodolfo, lo acompañaba a ver el Hombre Increíble, una serie de televisión antigua, que compartíamos nosotros en la niñez. Dejaba su oficina, cancelaba citas, o mejor, no daba entrevistas a la hora en que empezaba la serie.
Juan Rodolfo era llamado “Pocho”, cuanto amor hacia él. Con Cata y con todos sus hijos también, pero con “Pocho” tuvo el privilegio de ser padre de un bebé… por primera vez… las circunstancias antes le habían sido adversas.
Mis hijos fueron muy queridos por él también. Eran sus únicos sobrinos: Juan Felipe “Poño” y Juan David “el tío”.
En un diciembre estuvimos todos reunidos en San Gil , en una condecoración de Cempu. Cata celebraba en medio de risas el baile del primo. Juan Carlitos le ocasionó un pequeño accidente a Juan David. Pero todo fue felicidad. Al otro día sábado asistimos a la santa misa, todos los hijos de él, la esposa, él y mi familia completa. Solo faltó Tatiana.
La vida fue pasando, Juan Rodolfo hizo la Primera Comunión, tampoco me llegó la tarjeta, por qué cuando la fueron a entregar…. No sé.. no vale la pena pensar en eso ahora… Pero lo supe, me enteré, hubiera querido ir. Me sentí muy triste...
A partir de octubre de 2006 fue poco lo que supe de ellos. La situación exacta la recuerdo. No la menciono por qué es demasiado dolorosa para mí.
En Junio de 2009 hablé con Adriana.
Juan Carlos se fue a vivir a Bogotá.
Me fui enterando de los nuevos sobrinos Juan Rodolfo y María Catalina.
En un diciembre que se graduó en una maestría en la Universidad Libre nos invitaron a la ceremonia y fuimos. Siempre acudí a donde Saavedra me llamaba.
Luego pude estar con ellos en la finca de Tabio, después en la casa de la calle 116. Lo vi feliz con lo que conseguía.
Es innegable que Adriana Beltrán Joya, es una excelente madre. Se dedicó de lleno a sus hijos, a hacerlos felices, a procurarles lo mejor.
Corría con ellos a preparar los viajes inesperados que se le ocurrían a Juan Carlos. La vi afanada por los yogures, las frutas, las almohadas, las frazadas, y se acomodaba en la parte de atrás viajando con Juan Carlos de noche. El horario de salida de un viaje para él era fácilmente a las diez u once de la noche.
Juan Carlos estaba dedicado a Juan Rodolfo, lo acompañaba a ver el Hombre Increíble, una serie de televisión antigua, que compartíamos nosotros en la niñez. Dejaba su oficina, cancelaba citas, o mejor, no daba entrevistas a la hora en que empezaba la serie.
Juan Rodolfo era llamado “Pocho”, cuanto amor hacia él. Con Cata y con todos sus hijos también, pero con “Pocho” tuvo el privilegio de ser padre de un bebé… por primera vez… las circunstancias antes le habían sido adversas.
Mis hijos fueron muy queridos por él también. Eran sus únicos sobrinos: Juan Felipe “Poño” y Juan David “el tío”.
En un diciembre estuvimos todos reunidos en San Gil , en una condecoración de Cempu. Cata celebraba en medio de risas el baile del primo. Juan Carlitos le ocasionó un pequeño accidente a Juan David. Pero todo fue felicidad. Al otro día sábado asistimos a la santa misa, todos los hijos de él, la esposa, él y mi familia completa. Solo faltó Tatiana.
La vida fue pasando, Juan Rodolfo hizo la Primera Comunión, tampoco me llegó la tarjeta, por qué cuando la fueron a entregar…. No sé.. no vale la pena pensar en eso ahora… Pero lo supe, me enteré, hubiera querido ir. Me sentí muy triste...
A partir de octubre de 2006 fue poco lo que supe de ellos. La situación exacta la recuerdo. No la menciono por qué es demasiado dolorosa para mí.
En Junio de 2009 hablé con Adriana.
El 1 de seotiembre hablé con Juan Carlos, Jorge Figueroa me había enviado un mensaje.
En Septiembre 8, Juan Carlos se fué…
En Septiembre 8, Juan Carlos se fué…
¿Qué pasará ahora? Pues con ayuda de Dios, esto es lo que debe ocurrir:
Sergio Andrés cumplirá con el legado de su padre.
Tatiana Lucía encontrará refugio en el amor de Isabella (su hija, no la conozco), su esposo y junto con Sergio Andrés roderarán de cariño a Olga Lucía Rico Alarcón, la madre de ellos. La familia Rico Alarcón siempre fue incondicional con los Saavedra Durán. Valga la ocasión para agradecerles.
Juan Carlitos, tendrá en Carlos, Luz Helena, Álvaro y Daniela un apoyo grande. Recordará siempre a su padre, amándolo tanto, como días antes de su partida, me lo hizo saber. Honrará la memoria de él y corregirá los errores que como humano pudo tener, pero procurará consevar la nobleza que lo caracterizaba.
Juan Rodolfo y María Catalina, tienen la dedicación de su madre. La familia completa apoyará a Adriana y a sus hijos en esta etapa. Se me partió el alma cuando me contaron que cada diez minutos “Pocho”, se levantaba, se dirigía al ataúd a ver a su padre y regresaba a sentarse….y así lo hizo durante mucho tiempo. Juan Carlos encontró la muerte de regreso a su casa, quizá buscando los brazos del niño.
En la otra orilla, mi madre, Alfredo, Juan Felipe, Juan David y yo, siempre oraremos por ellos, por su felicidad, por su unidad, y siempre tendremos los brazos extendidos recordándolos con el amor tan grande que les hemos tenido y el que aumentará cuando pensemos en Juan Carlos y en su ausencia definitiva.
Adriana tuvo otro olvido, no me incluyó en el aviso del periódico, donde se agradecía por las manifestaciones de solidaridad recibidas con ocasión de la muerte de mi hermano, pero ella sabe cuanto es mi dolor, y en eso estamos unidas en el dolor tan grande que nos embarga por esta pérdida.
A mis sobrinos y a Adriana les quiero pedir que cuando haya otra misa por Juan Carlos, que le cante el Gato Sanabria, la canción Tristezas del alma, que le repitan Los Cisnes, y que no dejen de cantarle Mi hermano y yo, la canción con la que le celebré su cumpleaños 35!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! y ese día hubo muchas promesas, abrazados junto a mis amigos de la especialización Gerardo, Alirio y Silvia.
Juan Carlos premonitoriamente regresó a nuestra tierra San Gil, volvió a los lares cabalgando al lomo de los lejanos recuerdos por que en su mente quedó grabado el paisaje azul de la edad primera, compartió con sus amigos los últimos meses de su vida, recordó la pelota de fútbol, el barquito de papel, la cometa, volvió a oir la voz del riachuelo, y en la torre del pueblo escuchó las campanas sonar. Eso era lo que le faltaba para decir Adios. Y lo logró.
Por que a nadie le arrebatan los recuerdos de la infancia.
DESCANSE EN PAZ, PESTAÑO, POR QUE EL
Sergio Andrés cumplirá con el legado de su padre.
Tatiana Lucía encontrará refugio en el amor de Isabella (su hija, no la conozco), su esposo y junto con Sergio Andrés roderarán de cariño a Olga Lucía Rico Alarcón, la madre de ellos. La familia Rico Alarcón siempre fue incondicional con los Saavedra Durán. Valga la ocasión para agradecerles.
Juan Carlitos, tendrá en Carlos, Luz Helena, Álvaro y Daniela un apoyo grande. Recordará siempre a su padre, amándolo tanto, como días antes de su partida, me lo hizo saber. Honrará la memoria de él y corregirá los errores que como humano pudo tener, pero procurará consevar la nobleza que lo caracterizaba.
Juan Rodolfo y María Catalina, tienen la dedicación de su madre. La familia completa apoyará a Adriana y a sus hijos en esta etapa. Se me partió el alma cuando me contaron que cada diez minutos “Pocho”, se levantaba, se dirigía al ataúd a ver a su padre y regresaba a sentarse….y así lo hizo durante mucho tiempo. Juan Carlos encontró la muerte de regreso a su casa, quizá buscando los brazos del niño.
En la otra orilla, mi madre, Alfredo, Juan Felipe, Juan David y yo, siempre oraremos por ellos, por su felicidad, por su unidad, y siempre tendremos los brazos extendidos recordándolos con el amor tan grande que les hemos tenido y el que aumentará cuando pensemos en Juan Carlos y en su ausencia definitiva.
Adriana tuvo otro olvido, no me incluyó en el aviso del periódico, donde se agradecía por las manifestaciones de solidaridad recibidas con ocasión de la muerte de mi hermano, pero ella sabe cuanto es mi dolor, y en eso estamos unidas en el dolor tan grande que nos embarga por esta pérdida.
A mis sobrinos y a Adriana les quiero pedir que cuando haya otra misa por Juan Carlos, que le cante el Gato Sanabria, la canción Tristezas del alma, que le repitan Los Cisnes, y que no dejen de cantarle Mi hermano y yo, la canción con la que le celebré su cumpleaños 35!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! y ese día hubo muchas promesas, abrazados junto a mis amigos de la especialización Gerardo, Alirio y Silvia.
Juan Carlos premonitoriamente regresó a nuestra tierra San Gil, volvió a los lares cabalgando al lomo de los lejanos recuerdos por que en su mente quedó grabado el paisaje azul de la edad primera, compartió con sus amigos los últimos meses de su vida, recordó la pelota de fútbol, el barquito de papel, la cometa, volvió a oir la voz del riachuelo, y en la torre del pueblo escuchó las campanas sonar. Eso era lo que le faltaba para decir Adios. Y lo logró.
Por que a nadie le arrebatan los recuerdos de la infancia.
DESCANSE EN PAZ, PESTAÑO, POR QUE EL
"QUE DEJA UNA IMAGEN SUYA EN SUS HIJOS... MUERE A MEDIAS!"
CARLOS GOLDONI.
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