martes, 28 de julio de 2009

MI HISTORIA

Nací en un lugar donde las montañas y los sueños se unen.
Es una ciudad mágica donde cada día le entrega a sus habitantes la belleza de los mejores amaneceres y los atardeceres nunca vistos en ningún otro sitio del planeta.
Los árboles tienen barbas y semejan ancianos sabios que con los vaivenes del viento intentan dar consejos.
Es el lugar de los sueños, el sitio preferido de los poetas, es el lugar donde vive el sol y donde la luna le roba el día a los enamorados.
Ahi nací yo. En medio de una madre amorosa, dedicada, ultra moderna para la época, ejecutiva, vistoza, su voz era un verdadero arrullo y su rostro reflejaba una gran tranquilidad. Mi padre era un hombre recio, de contextura gruesa, blanco, sus ojos eran color miel, su cabello ya escaso, con ideas claras de lo que era la vida, siempre justificaba en la experiencia sus palabras.
Mis tiítas conformaban un dúo dinámico, era la pasividad y la energía unidas, la tranquilidad y la operatividad, la racionalidad en ambas era el sinónimo de ser mujeres mayores, dignas, y de tener en cada amancer una historia por contar, por vivir dos veces, la real y la cargada como historieta para dar lugar al sueño en horas de la noche.
Delia era delgada y bajita, pero su voz y su condición de maestra, le permitió hablarle hasta a los gigantes, su forma de ser era lo mejor que tenía: siempre iba al frente, nunca daba un paso atrás, jamás avasallaba a los otros, siempre esgrimía argumentos por demás convincentes, justos, que exhibía con sus dotes de docente y su timbre de voz fuerte, hablaba sin titubeos, al pan pan y al vino vino. Delia era hermosa, sus cejas pobladas cercaban unos ojos negros enormes, su cabello blanco era ondulado y la forma de vestir sencilla, pero con la elegancia y la clase que se le veía desde lejos.
Clementina era el polo opuesto, un poco más alta, solo un poco, gruesa, cabello blanco liso, sus gafas cubrían unos ojos pequeños que se agrandaban por el aumento que tenían sus espejuelos, era imprudentica, pocas veces silenciosa, oficiba como la relacionista de la familia, el cargo que se le adjudicó a lo mejor sin ella solicitarlo fue el de ecónoma. Por lo tanto era la encargada de mantener la despensa siempre que no hiciese falta nada.
La cómplice para lograrlo era Myriam, joven, de unos trece años llegó a la casa, por lo tanto ya era un miembro de la familia. Imitó a la patrona a Livia, y su forma de hablar, de vestir, de mirar y de conducirse era igual a la de Livia, quien la orientaba como si fuese una hija, y quien le daba el mejor de los tratos para tenerla siempre a su lado. Myriam creció en casa nuestra. Myriam era bella, era una mujer con su cabellera negra, larga, lozana su piel, su cara redonda pero con facciones finas suaves, unidos a sus modales estábamos frente a toda una dama. A pesar de que la gente sabía que sus oficio era el doméstico, Myriam siempre fue tratada con respeto por todas las personas que visitaban nuestra casa.
Al lado de ella estaba la nana Rosa, malhumorada, apresurada a toda hora, vivía corriendo y su afán era tener siempre las cosas listas, los alimientos humeantes y frescos, siempre se lucía sirviendo a la mesa lo mejor que sus manos podían dar.
Las instrucciones del menú hogareño estaban a cargo de la tía Delia. Ella se las transmitía a Clementina quien a su vez encontraba en nana Rosa la cómplice ideal de su ingenio.
Cada día era una sorpresa, cada día la mesa se disponía a la misma hora y alrededor de ella mi hermano Juan Carlos, mi compañero de infancia, mi enemigo en la vejez, departía con el resto de la familia, que sumabamos seis, el número total de sillas que había en la mesa.
Mis recuerdos se remontan desde temprana edad, cuando nuestro hogar era una casa grandísima, y donde mi papá había instalado uan gallera. La pelea de gallos finos era una de sus tantas pasiones, la que matizaba de manera comercial con el licor, un amigo que para esa época era el inseparable del fin de semana.
¡Como salto en el tiempo!. ¿Cuántos días han pasado desde mi primer recuerdo?. Eran mis tres años de vida, hoy son mis 47 años vividos.
DIOS QUE HAGO HOY FUERA DE MI TIERRA.
¿¿QUÉ ME TIENES TÚ HACIENDO TAN LEJOS DE LO MÍO??

Este es el capítulo inicial del libro que compilará mi historia, la sumatoria de mis vivencias, quizá a nadie le interese, para mí será el escape total a mis dolores y a la nueva vida que empiezo en medio de la cotidianidad y buscando romper los intrascendental para dar paso a lo real y lo que vale la pena.

2 comentarios:

maria victoria yepes dijo...

QUERIDA LUZ HELENA, REALMENTE ME ENCANTO TU ESTILO...ES SENCILLO Y MUY CALIDO. ME PARECE UNA EXCELENTE IDEA ESCRIBIR PARA LOS HIJOS Y LOS NIETOS PRINCIPALMENTE, PORQUE ES UN LEGADO QUE LES DEJAMOS.
ADEMAS, CON TUS DESCRIPCIONES LOGRAS HACER QUE EL LECTOR VIVA LA HISTOIRA. UN ABRAZO. MARIA VICTORIA YEPE

Unknown dijo...

Luza Helena, como me he transportado con tus escritos; es muy hermoso como logras hacer que emanen emociones y recuerdos.Seguiré entrando para leer y conocerte! Un abrazo muy grande