miércoles, 30 de julio de 2008

ADIOS A OSCAR GOLDEN

Realmente no fue de mi generación.
Pero a pesar de ello, me impactaron varios de sus discos.
Mi señora madre llegó un día del año 72, con un disco de Oscar Golden, donde mostraba una dentadura perfecta e intentaba morder una manzana. Eran esos discos grandes, enormes, que se colocaban en las radiolas que había en los hogares. La nuestra era una radiola traída de San Andrés en uno de los tantos viajes del viejo Juan.
Creo que solo pudo traer dos: la que había en nuestra casa y la otra la instalaron en la casa de Doña Aurita Silva de Márquez.
Mis primeras canciones tuvieron influencia por parte de la tía Martha, quien parecía la hija mayor de mi casa. Por su edad frente a la de mi madre (22 años menor), la tía siempre gozó de privilegios enormes: su ropa bombacha, su peinado de "cola recogida" anudada con cintas bellísimas, sus sandalias de plataforma y el singular "rabo" que se pintaban las mujeres en los ojos (creo que a eso le llamaban estilo cleopatra), fueron sello profundo en la evolución que tuve de "niña a mujer". La tía Martha ha sido una de las mujeres más hermosas que ha tenido San Gil. No en vano fue candidata a Señorita Santander en su época. Aún su rostro conserva belleza, lozanía. Sus manos tienen el privilegio de adornar con estilo y clase lo que se propone. Está inmensamente sola, pero ella gasta su tiempo sirviendo a sus semejantes y disfrutando de su jugosa pensión.
Por ella logré familiarizarme con la música del club del clan. Y ahi estaba Oscar Golden.
En vacaciones mi madre me colocó a aprenderme la canción del "Romance del cacique y la cautiva". Han pasado los años y todavía la recuerdo perfectamente.
Con los avances de la tecnología y la posibilidad de recopilación de música, frente al maestro del conocimiento, que es el computador, siempre reservé espacio para canciones como "La culpa fue de esa muchacha" y "Embriágame", en los cds que acompañan mis viajes.
Hace poco menos de seis meses tuve la oportunidad de conocerlo por los lados de la 72 en Bogotá.
Su gesto fue muy cálido conmigo. Lo reconocí de manera inmediata. Regresé a la niñez y recordé a mi tía Marthica cantando a todo pulmón "la culpa fue,
la culpa fue de esa muchacha,
la culpa fue de aquella que me enamoró,
la culpa de que yo esté de mala racha......".
Hoy que Colombia lo despide me da nostalgia. Sin haber sido su amiga, él logró arrancarme sueños de adolescencia y fueron varias de sus canciones las que acompañaron mis primeros amores.
Paz en su tumba.

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