No hay que consolarse demasiado, porque el desmonte o derrota de las estructuras narcopolíticoparamilitares será cuestión de mediano y hasta largo plazo.
Las elecciones del domingo muestran al menos un frenazo y cambios significativos en muchas regiones y localidades.
Es claro que no ha sido vana la acción de la justicia, de los críticos y de los analistas de la prensa, en especial la escrita. Como dice el lugar común, vendrán ahora los coletazos o las réplicas; a las que se debe responder con firmeza y serenidad.
También muestra la jornada del domingo que la soberbia presidencial es vulnerable y el señor Presidente acumula la segunda gran derrota electoral. Primero fue el monumental revés del Referendo y ahora su fallida pretensión de descalificar –apelando a las conductas más rastreras y comunes de la politiquería colombiana- al candidato del PDA a la alcaldía de Bogotá. Hasta dicen que eso le sumó votos en vez de quitárselos. Incluso los uribistas sensatos y reflexivos se sintieron ofendidos e indignados. No hay teflón que aguante tanto abuso y al menos tenemos un alivio ante la insoportabilidad e impertinencia de los que hablan ya de una segunda reelección. El juego FARC-Uribe no funcionó. Hay derrotas que alegran más que las victorias. Y no es sólo el caso de Bogotá. Santander recupera la decencia política con el apabullante y definitivo triunfo de Serpa; Convergencia se dirige al lugar que le corresponde y Bucaramanga salva la Alcaldía de la voracidad que la amenazaba, gracias al contundente triunfo de Fernando Vargas. Mandatos clarísimos que deben continuar con el apoyo de la ciudadanía y de las formaciones políticas que los hicieron posibles. Pero hay que demostrar que estamos en lo cierto y que el voto de opinión y de castigo no sea defraudado una vez más. "Santander y Bucaramanga tenemos una gran oportunidad que no puede frustrarse ni dilapidarse. Los ganadores no la tienen fácil pero tampoco imposible".
Estas palabras de mi profesor ERNESTO RUEDA SUÁREZ, me colocan en la obligación de hacer una reflexión de lo ocurrido en las elecciones pasadas.
Sin lugar a dudas el gran perdedor fue el mal llamado "dominio político" de una secta de nombre Convergencia Ciudadana, que se había apoderado de las regiones de mi departamento de Santander y casi que de Colombia. Es innegable la antipatía, la grandeza, el despilfarro, la ostentación perversa que hacían los funcionarios de la actual gobernación.
Un día quise escribir, cuando de manera tímida estaba haciendo fila en la Gobernación de Santander, para el pago de unos impuestos obligatorios a las Instituciones Educativas, vislumbré un desfile casi que interminable de camionetas blindadas, escoltas irrespetuosos, policías de circulación y tránsito de Bucaramanga, que sin respeto alguno, se abrieron paso entre taxis y carros privados que circulaban de manera desprevenida por el sector aledaño a la Gobernación. No pude quedar más perpleja cuando ví que las puertas se abríeron y de una de las camionetas se bajó el mismo hombre, que hacia un par de años caminaba solo, por enfrente de mi casa en San Gi, a pie, sencillo e intentando buscar caras amigas para saludar. Era el Coronel Hugo Aguilar Naranjo. Cuando volví a San Gil, oí hablar de él. Lo identificaban como el hombre que apagó la vida del capo Pablo Escobar.
Creo tener algunas fotos con él, cuando lo invité a mis graduaciones, y condecoraciones.
No daba crédito a lo que veía. ¿Eso hace el poder con los hombres?
No logro todavía visionar como será la postura de él hoy, justamente hoy, cuando hace ocho días soñaba con prolongar su poderío cuatro años más, cuando tenía la seguridad de colocar en San Gil, un candidato de sus preferencias como Alcalde.
Cómo será después del primero de enero, cuando deba volver a San Gil, la tierra a la que le dió tanto, pero también la que le cobró su prepotencia.
Venció en esta contienda política el juicio de los votantes. Venció la libertad de pensamientos. No puedo apasionarme políticamente, esta columna no es para análisis políticos, pero estoy feliz, por el triunfo de Serpa como Gobernador de Santander, de Navarro como Gobernador de Nariño, de Díaz Granados como Gobernador del Magdalena, de Richard Durán como Alcalde de San Gil, de mi ex jefe Fernando Vargas como Alcalde de Bucaramanga, de Samuel Moreno como Alcalde de Bogotá, y de tantos y tantos amigos que lucharon contra las maquinarias y contaron con el voto de opinión.
Hay una concejal en un municipio que siempre está amenazado por las aguas del río Magdalena: El Banco, se llama Yoleidys. Su nombre y su labor eran reconocidas por personas humildes. Es una verdadera líder cívica, una mujer entregada al trabajo social, una peleadora incansable por los derechos de los demás. A brazo partido ha luchado contra las crecientes del río, contra la injusticia, y hoy como concejal, ve cumplido el sueño de su padre quien le decía "antes de morir quiero verte convertida en una concejal del Banco Magdalena" A pesar de que él no ha muerto gracias a Dios podrá entonar con júbilo la letra del maestro José Barros, quien entregó su vida al folklore "me contaron los abuelos que hace tiempo, navegaba en el Cesar una piragua, que partía del Banco viejo puerto, a las playas de amor en Chimichagua"....
A todas las Yoleidys de Colombia, mi admiración, y la seguridad que con ellas los vientos de la corrupción batirán hacia otros lados.
Las elecciones del domingo muestran al menos un frenazo y cambios significativos en muchas regiones y localidades.
Es claro que no ha sido vana la acción de la justicia, de los críticos y de los analistas de la prensa, en especial la escrita. Como dice el lugar común, vendrán ahora los coletazos o las réplicas; a las que se debe responder con firmeza y serenidad.
También muestra la jornada del domingo que la soberbia presidencial es vulnerable y el señor Presidente acumula la segunda gran derrota electoral. Primero fue el monumental revés del Referendo y ahora su fallida pretensión de descalificar –apelando a las conductas más rastreras y comunes de la politiquería colombiana- al candidato del PDA a la alcaldía de Bogotá. Hasta dicen que eso le sumó votos en vez de quitárselos. Incluso los uribistas sensatos y reflexivos se sintieron ofendidos e indignados. No hay teflón que aguante tanto abuso y al menos tenemos un alivio ante la insoportabilidad e impertinencia de los que hablan ya de una segunda reelección. El juego FARC-Uribe no funcionó. Hay derrotas que alegran más que las victorias. Y no es sólo el caso de Bogotá. Santander recupera la decencia política con el apabullante y definitivo triunfo de Serpa; Convergencia se dirige al lugar que le corresponde y Bucaramanga salva la Alcaldía de la voracidad que la amenazaba, gracias al contundente triunfo de Fernando Vargas. Mandatos clarísimos que deben continuar con el apoyo de la ciudadanía y de las formaciones políticas que los hicieron posibles. Pero hay que demostrar que estamos en lo cierto y que el voto de opinión y de castigo no sea defraudado una vez más. "Santander y Bucaramanga tenemos una gran oportunidad que no puede frustrarse ni dilapidarse. Los ganadores no la tienen fácil pero tampoco imposible".
Estas palabras de mi profesor ERNESTO RUEDA SUÁREZ, me colocan en la obligación de hacer una reflexión de lo ocurrido en las elecciones pasadas.
Sin lugar a dudas el gran perdedor fue el mal llamado "dominio político" de una secta de nombre Convergencia Ciudadana, que se había apoderado de las regiones de mi departamento de Santander y casi que de Colombia. Es innegable la antipatía, la grandeza, el despilfarro, la ostentación perversa que hacían los funcionarios de la actual gobernación.
Un día quise escribir, cuando de manera tímida estaba haciendo fila en la Gobernación de Santander, para el pago de unos impuestos obligatorios a las Instituciones Educativas, vislumbré un desfile casi que interminable de camionetas blindadas, escoltas irrespetuosos, policías de circulación y tránsito de Bucaramanga, que sin respeto alguno, se abrieron paso entre taxis y carros privados que circulaban de manera desprevenida por el sector aledaño a la Gobernación. No pude quedar más perpleja cuando ví que las puertas se abríeron y de una de las camionetas se bajó el mismo hombre, que hacia un par de años caminaba solo, por enfrente de mi casa en San Gi, a pie, sencillo e intentando buscar caras amigas para saludar. Era el Coronel Hugo Aguilar Naranjo. Cuando volví a San Gil, oí hablar de él. Lo identificaban como el hombre que apagó la vida del capo Pablo Escobar.
Creo tener algunas fotos con él, cuando lo invité a mis graduaciones, y condecoraciones.
No daba crédito a lo que veía. ¿Eso hace el poder con los hombres?
No logro todavía visionar como será la postura de él hoy, justamente hoy, cuando hace ocho días soñaba con prolongar su poderío cuatro años más, cuando tenía la seguridad de colocar en San Gil, un candidato de sus preferencias como Alcalde.
Cómo será después del primero de enero, cuando deba volver a San Gil, la tierra a la que le dió tanto, pero también la que le cobró su prepotencia.
Venció en esta contienda política el juicio de los votantes. Venció la libertad de pensamientos. No puedo apasionarme políticamente, esta columna no es para análisis políticos, pero estoy feliz, por el triunfo de Serpa como Gobernador de Santander, de Navarro como Gobernador de Nariño, de Díaz Granados como Gobernador del Magdalena, de Richard Durán como Alcalde de San Gil, de mi ex jefe Fernando Vargas como Alcalde de Bucaramanga, de Samuel Moreno como Alcalde de Bogotá, y de tantos y tantos amigos que lucharon contra las maquinarias y contaron con el voto de opinión.
Hay una concejal en un municipio que siempre está amenazado por las aguas del río Magdalena: El Banco, se llama Yoleidys. Su nombre y su labor eran reconocidas por personas humildes. Es una verdadera líder cívica, una mujer entregada al trabajo social, una peleadora incansable por los derechos de los demás. A brazo partido ha luchado contra las crecientes del río, contra la injusticia, y hoy como concejal, ve cumplido el sueño de su padre quien le decía "antes de morir quiero verte convertida en una concejal del Banco Magdalena" A pesar de que él no ha muerto gracias a Dios podrá entonar con júbilo la letra del maestro José Barros, quien entregó su vida al folklore "me contaron los abuelos que hace tiempo, navegaba en el Cesar una piragua, que partía del Banco viejo puerto, a las playas de amor en Chimichagua"....
A todas las Yoleidys de Colombia, mi admiración, y la seguridad que con ellas los vientos de la corrupción batirán hacia otros lados.
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