sábado, 9 de agosto de 2008

¡QUÉ HORROR!

Editorial del Tiempo para reflexionar.

Una violencia silente

"Si el desplazamiento forzado por la violencia ha sido un fenómeno invisibilizado por años, la suerte de las mujeres que lo padecen lo ha sido aún más. En todos los conflictos armados, la violencia sexual se emplea como arma de guerra, y Colombia no es la excepción: 15,8 por ciento de más de 2.000 mujeres desplazadas encuestadas por la Defensoría del Pueblo en cuatro ciudades han dicho haber sido víctimas de violencia sexual. Un crimen del que no se habla y que, por temor o ignorancia, las que lo padecen no denuncian.
El informe defensorial -'Promoción y Monitoreo de los Derechos Sexuales y Reproductivos de Mujeres Víctimas de Desplazamiento Forzado con Énfasis en Violencias Intrafamiliar y Sexual'-, apoyado por OIM y USAID, es parte de un proyecto para evaluar el fenómeno, capacitar a las desplazadas y a las instituciones y operadores encargados de su atención, desarrollar un sistema de monitoreo y evaluación y recomendaciones específicas que se concreten en una "ruta de atención". El estudio se hizo entre diciembre de 2006 y junio de 2008, en Pasto, Cali, Medellín y Cúcuta e incluyó una encuesta a 2.115 mujeres desplazadas y a las instituciones.
Según un estudio de 2004 de Profamilia, casi 60 por ciento de los desplazados son mujeres, y más de la mitad de ellas tienen menos de 18 años. La violación, la esclavitud sexual, la prostitución y el embarazo forzados están catalogados en el Estatuto de Roma como crímenes de lesa humanidad. Pese a que en Colombia los han cometido a gran escala todos los grupos armados, en el proceso de Justicia y Paz apenas hay 11 casos denunciados. Lo que constata la Defensoría es que la violación de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres desplazadas es mucho más alta que la de las demás mujeres, y esto en un país donde el conflicto armado es sólo una de las caras de una tendencia predominante de irrespeto sistemático de los derechos sexuales de la mujer.
Además de la brutalización a las que las someten guerrilleros y paramilitares, el abuso sexual, las golpizas y los embarazos indeseados son la realidad de muchas desplazadas.
El ciclo de maltrato se extiende a todos los momentos del desplazamiento. Empieza con el abuso sexual, que hace huir a casi 2 de cada 10 mujeres; sigue cuando sus maridos las golpean o cuando muchas de ellas, cabezas de familia o menores de edad, se ven obligadas a prostituirse. Casi ninguna mujer se atreve a denunciar a su victimario.
En Soledad, Galapa, Malambo, Puerto Colombia y Sabanalarga (Atlántico) abundan las niñas desplazadas que huyen del infierno de la guerra sólo para entrar al de la prostitución. Y esto se repite en muchos otros lugares de llegada. El 70 por ciento de las mujeres desplazadas que llegan a estas ciudades desconocen sus derechos sexuales y reproductivos (cuándo tener hijos, cuántos y con quién) y 6 de cada 10 no utilizan métodos anticonceptivos.
La vulnerabilidad de la mujer en casi todas las capas de la sociedad es evidente y dramática. En situación de desplazamiento, los derechos sexuales y reproductivos desaparecen del panorama. La Defensoría del Pueblo no contaba con un programa de protección, información y prevención para este tipo particular de violencia contra las mujeres. Este informe -y las acciones y recomendaciones que incluye- es un primer paso sólido para empezar a superar este estado de cosas. Y el comienzo es hacer visible un crimen que se viene cometiendo en silencio, sumido en la más absoluta e inaceptable impunidad."

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