Otra vez con el espejo retrovisor. Esta vez, para mirar como fue la niñez. Todo esto ocurre a raíz de un correo electrónico que me llegó, donde efectivamente describen la infancia, para quienes estamos en la edad de los treinta y cinco hasta los cuarenta y cinco o tal vez un poquito más maduros.
Innegable, no había teléfonos celulares, podíamos tomar agua libremente, jugar en la calle supervisados, por supuesto, la salida al parque, a la quebrada (paseo de olla) se hacía como una fiesta. No habían cinturones de seguridad, ni cascos, ni rodilleras, ni canilleras, etc. etc. y así sobrevivimos.
No había competencia por los juguetes, ni habían los juegos electrónicos que hay hoy en día, y los cuales vuelven autistas a nuestros hijos.
Difícil establecer una conversación dentro de un carro, cuando ya por el cinturón de seguridad no podemos darnos la vuelta para mirar la cara ni los ojos de los hijos, y aparte de eso ellos llevan sus oídos tapados, oyendo lo mejor de su música y las manos ocupadas, tecleando el DS o Nintendo 10.
Ni que hablar cuando se revisan los closets y se ven los arrumes de juguetes que perdieron vigencia, a pesar de estar intactos. Y qué me dicen de las quejas de la compra de películas orginales, por que su X box se puede dañar por el uso de las "piratillas" que le dan a uno un respiro por un valor de cinco mil pesos o menos.
La música, qué diferencia la música. Mientras que la niñez de los sesentas, setentas y mediados de los ochentas oíamos canciones de amor, de ternura, (quizá lo máximo que se asociaba a vulgaridad era "el polvorete") los de esta época mueven sus sentimientos en frases de sexo, deseo, dinero y muy pero muy poco amor.Estudiábamos la jornada completa, se almorzaba en la casa, se compartía en familia. Hoy, los hijos salen desde las cinco y treinta de la mañana, regresan a las cinco de la tarde, y si necesitan cualquier cosa u olvidaron algo, timbran el celular, y el desespero no se deja esperar. En ciudades grandes como Bogotá, un olvidito de esa naturaleza, retrasa una labor en tres horas, los trancones, las filas interminables, todo, todo es permtido pero nunca se debe perdonar la "frialdad de las personas - docentes - directivos - porteros". ESO NUNCA. Qué dilema, se le lleva el trabajo al colegio, o se le dice que esa es su "responsabilidad" asumimos las consecuencias y todo el día nos palpita más rápido el corazón esperando la nota del colegio.
No soy amiga de decir que todo tiempo pasado fue mejor. Pero le doy gracias a Dios que me hubieran enamorado con rosas, con canciones románticas y mensajes llenos de amor, con llamadas al teléfono en horarios aceptables.
Dios permita que mis hijos conquisten así.
Un niño de seis, siete, ocho, nueve o díez años, no se le puede tildar de irresponsable por un olvido. No se debe.
Un mundo tan rápido como éste, competitivo, debe tener en cuenta así sea en un porcentaje pequeño un olvido, debe nuevamente estremecerlo una lágrima de un niño, debe parar su carrera ante la llamada de un hijo.
La infancia de los años que hablo, fue una infancia fresca, tranquila, con vacaciones anuales y llegada del niño Jesús. Se rezaba la novena en familia, se iba a misa los domingos y fiestas de guardar, no había lunes festivo, se obedecía sin refutar. En el año 1.968 entró por primera vez el televisor a la casa. Era en blanco y negro. La alegría fue inmensa. En la cuadra de ese pueblo santandereano era el único.
1 comentario:
Todo un conjunto de verdades. Gracias por dejarnos saber que todavía extrañamos las cosas buenas.
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