Al ratón no siempre le gusta el queso.
Eloísa una nena de tan solo cuatro años empezó con esta frase a hablar con su mamá.
Ella preocupada por esa afirmación tan absurda la pretende hacer entrar en razón, pero solo encuentra la afirmación de la pequeña.
Eloísa sabía que el ratón a veces se escuda temeroso en su apariencia.
Para Eloísa no fue nada fácil a su corta edad entender que detrás de la puerta de la cocina de su casa, el ratón visitante merodeaba no por el queso.
Cuando Eloísa crece confirmó lo que de pequeña percibió: el olor del queso no embobó al ratón, el ratón hábil tejió la telaraña de la astucia para quitarle absolutamente todo a la ratita hermana suya, que indolente en su juventud no auxilió a quien tenía que hacerlo a orilla de la vereda.
El ratón no fue por el queso. No se comió el queso. Mostró no dientes, pero sí colmillos y arrasó con todo lo que no le costó trabajo tener.
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